martes, 20 de marzo de 2012

CALAVERAS Y DIABLITAS.


Calle de hipsters, rockeros, geeks y el resto del mundo, los “normales”. Calle mágica y llena de cerebros emocionados por compartir la mucha o la poca información que esta anónima calle les puede ofrecer.
Allí está ese lugar maravilloso, una típica capilla que envuelve y reúne a todos aquellos feligreses dispuestos a compartir su fe pero en el delicioso, codiciado y maldito licor. Sus paredes te toman por sorpresa, y sin pedirlo, te llevan a la gran fiesta de la muerte, la cual, llena cualquier alma de un profundo sentimiento mexicano pero que se fusiona con los más deliciosos sabores y aunque no lo crea, tradiciones Colombianas.
Cuando el sitio se ha convertido en euforia, y donde esos pequeños pero endemoniados tragos han perturbado algunas mentes, llega ella, la hermosa chica de cabello castaño ondulado, con unas gafas que te recuerdan aquellas imágenes de películas ochenteras y con un profundo  estilo vintage; delgada y con un color de piel que sientes conocer a la propia Blanca Nieves sin sus 7 enanos, pero en  una versión medianamente Colombiana.
Clara, se encuentra detrás de aquella barra llena de botellas hermosas, coloridas y con líquidos que al observarlos, te hipnotizan y te introducen a un laberinto de alcohol, y de libertad. En el furor de la noche se cruzan dos miradas angelicales, que se llenan de picardía, lujuria y pensamientos que sólo estos dos seres podían entender.
La chica de cabello ondulado pide un coctel de esos que al terminar el último sorbo, ya te tienen en otro mundo y completamente desinhibido, pero esa era la sensación esperada por aquella chica, ansiosa de vivir en esa noche lo que esta tuviera destinada para ella, quién lo iba a creer, la que se veía como caperucita roja, pero con una loba en su interior.
Mientras en el lugar las personas disfrutaban de unos deliciosos shots, comían y compartían con sus ebrios amigos, la caperucita se tomaba su pequeño trago de licor e intercambia miradas con esa despeinada y radiante Clarita, espero que aquellas calaveras que adoraban el lugar revivieran con los ojos de aquellas niñas traviesas.
Todo era diversión, magia y licor, que a tan altas horas de la noche te hacían ver doble, pero todo llegó a su fin para estas muñecas de la noche cuando esa hermosa bartman terminó su jornada laboral, las ganas eran incontenibles, el calor de ese líquido turbulento ya había producido todo tipo de sensaciones a la caperucita. Y Clara, ya había preparado todo para ese encuentro con ese ser angelical; en el momento menos esperado, en el momento en el que todos pensaban en más de esos tragos mortales, un beso consternó el lugar, pero claro sólo para mí que no tenía ni la más remota idea que estos dos hermosos seres tenía una relación sentimental, así pues, salieron del lugar, cogidas de la mano y saludando a sus amigos ya envueltos y convertidos en los demonios que sólo el licor podría sacar de ellos. 

Lina María Gallego Ramírez.

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